«Lo contrario de frágil no es robusto, sino antifrágil.» Con esta idea, el ensayista y analista de riesgos Nassim Nicholas Taleb plantea en Antifrágil una forma diferente de entender la incertidumbre. Mientras una organización frágil se rompe ante los cambios y una robusta simplemente consigue resistirlos, una organización antifrágil es capaz de aprender, adaptarse e incluso salir reforzada de ellos.
Aunque el concepto nació fuera del sector asegurador, resulta especialmente pertinente para reflexionar sobre el momento que vive la mediación.
Durante los últimos años, las corredurías han tenido que desenvolverse en un escenario marcado por la inflación, las tensiones geopolíticas, el cambio climático, la transformación digital, la inteligencia artificial, el incremento de los ciberataques y una regulación cada vez más exigente. Lo que antes se percibía como una sucesión de crisis puntuales se ha convertido en el contexto habitual en el que operan empresas y particulares.
La pregunta ya no es cuándo llegará la próxima incertidumbre, sino cómo convivir con ella.
Del asesoramiento puntual al acompañamiento continuo
En este nuevo escenario también cambia el papel del corredor.
Durante décadas, el asesoramiento se apoyaba en una evaluación relativamente estable de los riesgos. Sin embargo, hoy la realidad de una empresa o de una familia puede cambiar en pocos meses. Nuevos mercados, cambios tecnológicos, riesgos cibernéticos, fenómenos meteorológicos extremos o modificaciones normativas obligan a revisar con mayor frecuencia las necesidades de protección.
La mediación evoluciona así hacia un modelo de acompañamiento continuo, donde el verdadero valor no consiste únicamente en contratar una póliza, sino en ayudar al cliente a interpretar un entorno que cambia constantemente.
Convertir la incertidumbre en una oportunidad
Paradójicamente, cuanto más complejo se vuelve el entorno, mayor es el valor del asesoramiento profesional.
Los productos aseguradores pueden parecer similares y muchos procesos se han digitalizado, pero la capacidad para comprender el riesgo específico de cada cliente, anticipar nuevas necesidades y adaptar las coberturas sigue dependiendo del conocimiento y la experiencia de los profesionales.
Desde esta perspectiva, la incertidumbre deja de ser únicamente un desafío para convertirse también en una oportunidad de diferenciación. Las corredurías capaces de incorporar nuevas herramientas, especializarse en riesgos emergentes, aprovechar la tecnología y reforzar la relación con sus clientes estarán mejor preparadas para responder a un mercado en constante evolución.
¿Puede una correduría ser antifrágil?
La idea de Taleb invita a plantear una pregunta interesante. Quizá el objetivo ya no deba ser construir organizaciones capaces de soportar cualquier cambio, sino desarrollar corredurías que aprendan de él y evolucionen con mayor rapidez.
Cada nueva regulación, cada avance tecnológico o cada transformación del mercado puede entenderse como una amenaza o como una oportunidad para generar más valor. En un sector basado en el conocimiento, la confianza y el asesoramiento, esa capacidad de adaptación puede convertirse en uno de los principales factores diferenciales.
Quizá el reto de las corredurías ya no sea proteger a sus clientes de la incertidumbre, sino ayudarles a desenvolverse con éxito en un mundo donde la incertidumbre ha dejado de ser la excepción para convertirse en la norma.
